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Algunas respuestas sobre las grasas trans.

grasas trans

– Marina Muñoz Cervera –

¿Comemos “grasas trans” a diario? ¿en qué alimentos están?

La mayor cantidad de grasas trans son de producción industrial y, por tanto, las encontramos en alimentos ultraprocesados.

La industria fabrica grasas trans para transformar un aceite líquido en sólido, y lo consigue añadiendo hidrógeno al aceite vegetal.

Sin embargo, desde las primeras publicaciones sobre este tipo de grasas hasta el momento actual, la lista de alimentos que las contienen, va creciendo.

Y ahora sabemos que no solo consumimos grasas trans al comer productos industriales, como veremos a continuación.

Gracias al Proyecto REPLACE de la OMS, vamos conociendo más aspectos prácticos sobre las mencionadas grasas, que preocupan por sus efectos sobre la salud.

¿Porqué son tan preocupantes las grasas trans?

La OMS atribuye 540.000 muertes al año en el mundo a las grasas trans de producción industrial.

Esta casuística posiblemente se deba a que producen un aumento de colesterol LDL, también conocido como “colesterol malo”, mientras que reducen el HDL o “colesterol bueno”.

Como consecuencia, aumentan el riesgo de muerte por cualquier causa en un 34%.

No obstante, el mayor riesgo de las grasas trans es sobre el corazón, ya que la muerte por coronariopatías aumenta en un 28% y la posibilidad de padecimiento de patología coronaria se incrementa en un 21% al consumir estas grasas.

¿En qué tipo de comida encontramos grasas trans?

Como ya hemos visto, la mayor cantidad de este tipo de grasas se encuentra en los productos industriales de larga conservación.

Los conocidos como “aceites parcialmente hidrogenados” contienen una concentración de grasas trans del 25% al 45% del aceite.

Se consideran, por tanto, los más peligrosos.

Productos ricos en aceite parcialmente hidrogenados:

– Margarina, excepto que indique con toda claridad en la etiqueta de información nutricional que no contiene grasas trans.

– Grasas vegetales utilizadas en muchos comestibles industriales. Este tipo de grasas suelen aparecer en las etiquetas de información nutricional como tales, es decir, como “grasas vegetales“:

  • Bollería industrial.
  • Galletas.
  • Pasteles.
  • Frituras callejeras y también, las servidas en restaurantes.
  • Preparados para tortitas.
  • Preparados para chocolates a la taza.
  • Aceite vanaspati.

Frituras caseras.

Al calentar las aceites a elevadas temperaturas para freír los alimentos, podemos producir grasas trans.

Sin embargo, la cantidad de este tipo de grasas que se generan por este medio son muy inferiores a las contenidas en los aceites parcialmente hidrogenados.

En una fritura, la concentración de grasas trans aumenta 3,67 gramos/100 gramos, después de calentar el aceite, mientras que en otras técnicas de cocinado, como los horneados, salteados, cocidos o hervidos, guisos, parrilla o plancha, etc. no se observa un incremento.

¿Cómo saber si comemos grasas trans?

Si en nuestra alimentación abundan los comestibles de producción industrial, estaremos consumiendo grasas trans.

Por lo tanto un perfil alimentario que puede contener bastantes grasas de este tipo es el siguiente:

“Persona que, seguramente por falta de tiempo, consume alimentos o preparados precocinados, bollería industrial, snacks diversos, dulces, etc. Y cuando come fuera de casa recurre a comida rápida, con fritos diversos (pollo, patatas, rebozados, etc.) o bien la encarga para comer en casa”.

En el perfil descrito, prácticamente no existen los alimentos naturales.

Los productos con etiquetas “libres de grasas trans” ¿son fiables?

Pueden ser fiables es cuanto a su contenido en este tipo de grasas, sin embargo, se sustituyen por una mayor cantidad de grasas saturadas, azúcares, sal u otras sustancias insalubres.

De ahí que la mencionada etiqueta no nos garantice que el producto sea saludable.

Acciones de la OMS.

Según nos informa El Director General de la OMS, Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, el 23 de abril de 2019, se pide que las industrias de grasas, de aceites, de alimentos y de restauración, se comprometan a:

– Reducir la cantidad de grasas trans a menos de 2 gramos por cada 100 gramos de grasas o aceites, en todos los alimentos.

– Indicar la cantidad de grasas trans presentes en los etiquetados de los productos preenvasados.

– Potenciar el suministro de grasas y aceites más saludables con bajo contenido en grasas saturadas.

– Evaluar los compromisos.

Como ya hemos visto, solo una alimentación en la que predominen los alimentos naturales sobre los industriales, con comidas elaboradas de una forma saludable, siendo las frituras una excepción, nos garantiza un consumo muy bajo de grasas trans.

Ya que este tipo de grasas se encuentra de forma natural, en muy pequeñas concentraciones, en algunas carnes y lácteos.

Fuentes:

– Organización Mundial de la Salud. OMS. “REPLACE trans fat”. WHO/NMH/NHD/18.7
– Organización Mundial de la Salud. OMS. “Las industrias de las grasas, los aceites, los alimentos y la restauración deberían unirse al esfuerzo mundial para eliminar las grasas trans industriales de los alimentos de aquí a 2023”. 23 de abril de 2019, Declaraciones, Ginebra.

Imagen:

https://mejorconsalud.com/wp-content/uploads/2014/01/Grasas-trans.jpg

Las grasas trans en el punto de mira de la OMS.

grasas trans
Marina Muñoz Cervera

La eliminación de las grasas trans, de los productos alimentarios industriales, es un objetivo de la OMS.

En el año 2023, estos compuestos nocivos no deberán aparecer en la composición de los alimentos industriales, nos dice la OMS en un comunicado de prensa.

El consumo de este tipo de grasas está limitado, en la actualidad, a un 1% del total calórico diario.
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Sobre las grasas vegetales hidrogenadas.

grasas hidrogenadas

– Marina Muñoz Cervera –

Muchos alimentos procesados que comemos a diario, contienen grasas vegetales adicionadas.

Desde el momento en que leemos en una etiqueta nutricional el término «grasa vegetal» nos da la sensación de que son sanas y nos comemos el producto con toda tranquilidad.

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Los aceites en el cocinado de los alimentos.

aceite

– Marina Muñoz Cervera –

En todos los métodos de cocinado en medio graso y mixto, la elección del tipo de aceite es fundamental.

Utilizamos los aceites y grasas, en general, para que los alimentos salga más untuosos, no se peguen en las sartenes, ollas, etc., para que actúen como transmisores del calor y den sabor a los alimentos. Del tipo de grasa que escojamos dependerá que los alimentos sean más o menos saludables tras su preparación culinaria.
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Las ratas de experimentación muestran adicción a la comida hipercalórica.

comida basura

– Marina Muñoz Cervera –

La sobrealimentación activa los sistemas de recompensa del cerebro.

Según refiere Paul J. Kenny, Profesor del Instituto de Investigación Scripps de Jupiter, en Florida, en un experimento permitieron que las ratas accediesen de forma ilimitada a su comida habitual así como a una zona repleta de apetecibles alimentos hipercalóricos como salchichas, tarta de queso, chocolate. Las ratas disminuyeron su ingesta de alimentos sanos y consumieron casi exclusivamente comida rica en calorías. Ganaron peso hasta volverse obesas.

Seguidamente, mediante un pulso de luz advirtieron a las ratas de un impacto desagradable mientras comían. Las que ingerían alimentos sanos, los abandonaban y se iban corriendo, pero las obesas continuaban devorando la comida hipercalórica, ignorando la advertencia que habían aprendido a temer. “Su deseo hedonista prevalecía sobre su sentido básico de supervivencia”.

Los descubrimientos de Paul J. Kenny su grupo, se parecen a otros realizados con anterioridad por Barry Everitt en la Universidad de Cambridge, la diferencia entre ambos experimentos, radica en que estas últimas ratas eran adictas a la heroína.

El grupo del Profesor Paul J. Kenny investiga en su laboratorio los mecanismos que intervienen en la drogadicción, la obesidad y la esquizofrenia, así como los tratamientos para estos trastornos.

En cuanto a las ratas objeto del experimento ¿podría pensarse que tienen adicción a la comida? Lo cierto es que presentan un síntoma habitual en las adicciones y es la incapacidad para reprimir un comportamiento a pesar de las consecuencias negativas para la salud.

¿Qué paralelismo se puede obtener entre el experimento y las personas obesas?

Casi todos los obesos afirman que desean consumir menos, sin embargo continúan comiendo más de lo necesario aunque saben que ello les va a traer consecuencias negativas para su salud y su vida social. Se trata de una conducta compulsiva similar a la encontrada en la investigación.

El investigador nos dice que “algunos estudios demuestran que la sobrealimentación activa los sistemas de recompensa de nuestro cerebro y, en algunas personas, la magnitud de ese efecto vence a los mensajes que el cerebro les envía cuando ya han consumido suficiente y cuanto más comen más quieren comer, al igual que ocurre con algunas drogadicciones como el alcoholismo y otras”.

No me cabe duda de que es una hipótesis muy digna de tener en cuenta.

Todos los días surgen estudios que nos van orientando hacia un sentido u otro, no obstante, e independientemente del contenido, lo importante es que se lleven a cabo pues gracias a los mismos la ciencia se llenando de luz y de ahí surgen los tratamiento que combaten las enfermedades.

Me imagino que si a los pobres animales de experimentación además de la comida hipercalórica les obligan a beber un litro de soda (refresco azucarado) al día, engordarían aún más, pero especulaciones a parte, y teniendo en cuenta que estos múridos no hacen deporte, prefiero no cometer un sesgo comparativo.

En realidad, el interesante artículo en el que se basa esta entrada, invita a la reflexión y quizás nos ayude a pensar que, en ocasiones, solo podemos afrontar un problema cuando sabemos que existe.

Enlaces relacionados
Efectos de las comidas ricas en grasas y azúcares.
¿Nos vuelven adictos a la “comida basura”?

Fuentes:

– Paul J. Kenny. “Adicción a la comida”. Revista Investigación y Ciencia. Noviembre 2013.
– The Kenny Laboratory. The Scripps Florida Research Institute.
http://www.scripps.edu/kenny/

Imágenes:

La imagen que ilustra esta entrada es una superposición de las siguientes:

Id: 15046767_s Copyright (c) 123RF Stock Photos
http://www.nutrineira.com/2010_03_01_archive.html

Efectos de las comidas ricas en grasas y azúcares.

golosinas

– Marina Muñoz Cervera –

¿Adicción a las grasas y azúcares?

Parece ser que “las comidas ricas en grasas y/o azúcares sobrecargan el sistema de recompensa del cerebro, ello reduce la capacidad de este órgano para informar al individuo de que deje de comer y cuanto más se come, más se desea seguir haciéndolo”.

¿Adicción? Es una posibilidad que no podemos perder de vista.

rebanada de tocino

Enlaces relacionados:

¿Nos vuelven adictos a la “comida basura”?

Fuente:

Paul J. Kenny. “Adicción a la comida”. Investigación y Ciencia. Noviembre 2013.

La FDA de USA planea prohibir las grasas trans de los alimentos procesados.

bizcocho con cobertura de crema

-Marina Muñoz Cervera –

La prohibición de las grasas trans persigue evitar muertes por enfermedades del corazón.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) dice que “disminuir los aceites parcialmente hidrogenados en la alimentación estadounidense podría evadir 7.000 muertes por enfermedades cardíacas cada año”.

“Las grasas trans son frecuentes en una amplia escala de alimentos procesados, como las galletas saladas y dulces, la pizza congelada y la masa refrigerada, cremas y coberturas para tartas listas para utilizar, habló Mical Honigfort, un responsable de salvaguardia al usuario de la FDA. La Asociación Estadounidense del Corazón (AHA) elogió el proyecto, considerándola un paso adelante en la batalla contra las enfermedades cardíacas”.

“La FDA, agencia que regula los alimentos y los fármacos en ese país, ha propuesto vetar la presencia de grasas trans artificiales, que contienen, además de los alimentos anteriormente mencionados,  las palomitas para microondas y los bollos industriales. Las autoridades ya no consideran seguras este tipo de grasas, que se producen al hidrogenar algunos aceites vegetales para que sean más sólidos y que los alimentos parezcan más atractivos”.

“Si el cambio se hace definitivo, el uso alimentario de los aceites hidrogenados (la mayor fuente artificial de grasas trans) tendría los días contados. Pasarían a considerarse un aditivo, y estarían sujetos a la aprobación de la FDA antes de su comercialización. Si no la obtuvieran  (las empresas deben demostrar que son seguras)  los alimentos que las contengan se considerarían adulterados y su venta estaría prohibida”.

Enlaces relacionados:

Riesgos asociados al consumo de grasas “trans”.

Fuentes:

– C.García, María R. Sahuquillo. Washington/Madrid.El País. Sociedad. “Estados Unidos acorrala las grasas ‘trans’ artificiales”. Washington/Madrid.El País. 7 de noviembre de 2013.
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/11/07/actualidad/1383842027_115206.html

– Pueblo Y Sociedad Noticias. “EEUU plantea prohibir las grasas trans por los peligros galenos”. 7 de noviembre de 2013.

Imagen:

http://pequelia.es/46666/prohibido-vender-y-anunciar-bolleria-industrial-en-los-colegios/

Riesgos asociados al consumo de grasas “trans”.

moleculas

– Marina Muñoz Cervera –

Las grasas “trans” se forman cuando los aceites líquidos se convierten en grasas sólidas.

Durante este proceso — llamado hidrogenación — se añade hidrógeno al aceite vegetal para aumentar su plazo de consumo y la estabilidad del sabor de los alimentos. El resultado del proceso es la grasa trans (1).

La grasa trans puede encontrarse en muchos alimentos que contienen grasa saturada, como grasas vegetales (mantecas), algunas margarinas, galletas, caramelos, dulces, alimentos fritos, productos horneados y en otros alimentos procesados hechos con aceites vegetales parcialmente hidrogenados (1).

También conocidos como ácidos grasos trans, pueden encontrarse de forma natural en algunos alimentos de origen animal como la leche, productos lácteos y carnes (1), en pequeña cantidad.

Lo más importante que debemos saber sobre la grasa trans es que se comporta en el organismo igual que la grasa saturada, elevando la lipoproteína de baja densidad (LDL, o colesterol “malo”) — lo que puede aumentar el riesgo de enfermedad cardíaca coronaria (1).

Industrialmente, es un recurso porque las grasas insaturadas se oxidan al exponerse al aire creando compuestos que tienen olores y sabores rancios y desagradables.

Para evitar esto, se utiliza un proceso químico que añade más hidrógeno a las grasas insaturadas naturales para disminuir el número de dobles enlaces y retardar o eliminar la posibilidad de rancidez.

El hidrógeno se incorpora a las moléculas de los ácidos grasos poliinsaturados transformándolos en saturados con el mismo comportamiento que éstos últimos en nuestro metabolismo (2).

¿Dónde podemos buscar grasas trans?

Como ya hemos visto, podemos buscar las grasas trans en las etiquetas de los alimentos procesados, margarinas y mantecas (3). Deberíamos consumir aquellos que nos indiquen que el contenido es “0”.

¿Cuáles son sus riesgos?

Las grasas trans en la dieta elevan el nivel de lipoproteínas de baja densidad (LDL o “colesterol malo”) y aumentan el riesgo de las enfermedades coronarias. Las grasas trans también reducen las lipoproteínas de alta densidad (HDL o “colesterol bueno”) y elevan los niveles de triglicéridos en la sangre. Ambas condiciones se asocian con la resistencia a la insulina que frecuentemente va acompañada con la diabetes, hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares (2).

La Web de EUFIC: European Food Information Council ha escrito recientemente un artículo muy interesante sobre este tipo de grasas y nos acerca a la actualidad sobre sus consecuencias sobre la salud cardiovascular (4).

El artículo, publicado en inglés con el título Trans fats and cardiovascular health: what is the current situation?, refiere que investigadores holandeses del departamento de Ciencias de la Salud y el Instituto de Investigación EMGO Salud de la Universidad VU en Amsterdam, y la División de Nutrición Humana de la Universidad de Wageningen , han publicado un trabajo en la revista European Journal of Clinical Nutrition, concluyendo que los efectos perjudiciales de los ácidos grasos trans industriales sobre la salud del corazón están fuera de toda duda y que la limitación de su ingesta es probable que disminuya el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Además, mencionan que los efectos específicos de los ácidos grasos trans que se encuentran naturalmente en los productos lácteos y de la carne y de los ácidos grasos trans producidos como suplementos para la pérdida de peso (ácido linoleico conjugado) merecen mayor estudio (4).

Además de los ácidos grasos trans industriales y de rumiantes, también discutieron sobre el ácido linoleico conjugado, que se origina a partir de la leche, pero ahora se producen industrialmente y se venden como un complemento destinado a ayudar a perder peso (4).

Mediante la combinación de datos de los estudios disponibles, los investigadores calcularon que, gramo por gramo, los ácidos grasos trans (independientemente del origen) empeoran de manera similar el perfil lipídico en sangre hacia un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

Las dosis  recomendadas de los suplementos de ácido linoleico conjugado suben a 6 gramos / día. Para poner esta cifra en contexto, la Organización Mundial de la Salud recomienda la ingesta de ácidos grasos trans por debajo del 1% de la energía de la dieta, lo que corresponde a alrededor de 2,2 gramos / día para una persona con una necesidad energética diaria de 2.000 kcal (4)

Los autores llegan a la conclusión, a partir de dos estudios observacionales sobre enfermedades cardiovasculares y los estudios de intervención sobre los perfiles de lípidos en la sangre, que los efectos adversos del consumo de  grasas trans de producción industrial de la salud se han establecido científicamente, y que limitar su consumo probablemente reduciría el riesgo de enfermedad cardiovascular (4).

También nos dicen que la investigación futura debería centrarse tanto en la búsqueda de ingredientes alternativos, especialmente en el sector de la panadería, donde la sustitución de ácidos grasos trans es particularmente difícil, sin comprometer las características del producto, como la estabilidad de hornear (4).

Los autores postulan que este tipo de grasas pueden tener otros efectos adversos a través de vías incluyendo la inflamación sistémica, el estrés oxidativo, la función endotelial y la resistencia a la insulina o diabetes (4).

Como vemos, los riesgos son serios y por desgracia involucran a alimentos de consumo habitual. Estas grasas ocupan un lugar en las membranas de las células el lugar destinado a las grasas insaturadas porque nuestro organismo no se da cuenta el engaño, entorpeciendo su funcionamiento. Y, tenemos que tener en cuenta que esto se produce a nivel de todas las células del cuerpo humano, luego sus efectos pueden tener una repercusión global, incluyendo nuestras funciones psíquicas.

El hecho de ser selectivos, desde el punto de vista alimentario, es una virtud que redunda en nuestra salud.

Enlaces relacionados:

Consumo de Ácidos Grasos: Conclusiones de una Consulta de Expertos de la FAO en el año 2008.

Fuentes bibliográficas:

(1) FOODFACTS. De la Administración de Drogas y Alimentos de EE.UU. “Hablemos de las grasas trans”.
(2) Scientific Psychic.”Grasas, Aceites, Ácidos grasos y Triglicéridos”.
http://www.scientificpsychic.com/fitness/aceites-grasas2.html
(3) MedlinePlus. Nutricion.
(4) Trans fats and cardiovascular health: what is the current situation?

Imagen:

http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Cis_trans.png

Última revisión: 09-05-2019

La influencia de las grasas en el estado de ánimo.

muchacha furiosa

– Marina Muñoz Cervera –

El exceso de grasas saturadas y trans empeoran la salud emocional.

“En los últimos 100 años, la ingesta de grasas saturadas, ácido linoleico (omega 6) y grasas trans, ha aumentado de forma espectacular en el mundo occidental, mientras que el consumo de omega 3 ha disminuido”, afirmaba en el año 2008, Fernando Gómez-Pinilla, neurobiólogo chileno de la Universidad de California en Los Ángeles, en una revisión de artículos. Este fenómeno, concluía el estudio, podría acarrear el aumento de enfermedades depresivas en países como Alemania o Estados Unidos (1).

Estas palabras, hoy, en el año 2013,  no nos resultan extrañas; en muchos estudios se ha relacionado el exceso de las grasas, anteriormente mencionadas, con multitud de patologías, tanto es así, que la FAO en una Consulta de Expertos publicada en el 2008, nos habla de la posibilidad de retirar las grasas trans del consumo humano, ya que existe una evidencia convincente de que incrementan los factores de riesgo y los accidentes cardiovasculares y hay una evidencia probable de un incremento en el riesgo de enfermedad coronaria mortal y muerte súbita, adicionalmente al riesgo incrementado de síndrome metabólico y diabetes (2). También recomiendan la sustitución de los ácidos grasos saturados, que no deben superar el 10 % de la energía total, por poliinsaturados en la alimentación, indicando que de éstos últimos el porcentaje debe ser el siguiente: un 2% de la energía total de omega 3 (linolénico) y un 2,5 a 9% de omega 6 (linoleico) (2).

El tipo de grasas que consumimos es de vital importancia para nuestra salud ya que la actividad biológica de nuestras células depende en gran parte de los ácidos grasos derivados de los alimentos que consumimos (3).

“Quien sabe si no le debemos la bomba neumática a una sopa bien cocinada o la guerra a una mal cocida” filosofaba George Christoph Lichtenberg (1742-1799) (1), escritor y científico alemán, según refiere un interesante artículo, publicado en la revista Mente y Cerebro por la escritora Stefanie Reinberg (1).

Algunas experiencias reales.

En el artículo mencionado, la escritora nos relata algunas experiencias sobre el tema:

– El Director de documentales, Morgan Spurlock, para su película Super Size Me, estuvo desayunando, almorzando y cenando, durante 30 días, en establecimientos de una conocida cadena de comida rápida. Al terminar el rodaje, el cineasta pesaba 11 kilos más, sus indicadores hepáticos eran preocupantes y se sentía deprimido, tanto es así que definió su estado de ánimo como “irritable, furioso e infeliz”.

– El endocrinólogo Fredrik Nyström, de la Universidad de Linköping (Suecia) en el año 2010, ideó un plan de alimentación que acataron 18 voluntarios: durante un mes debían ingerir comida rápida en grandes cantidades, casi el doble de las calorías habituales; además debían moverse lo menos posible. No todos engordaron como el cineasta del experimento anterior, sin embargo, manifestaron el “pésimo estado de ánimo”; de hecho cuánto más comían peor se sentían anímicamente.

Almudena Sánchez  Villegas, profesora del Departamento de Ciencias Clínicas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (España) y su equipo, constataron que la grasa perjudicial no solo daña el cuerpo, sino también desencadena estados depresivos (1)(4) y la noticia fue difundida por muchos medios de comunicación en el año 2012.

Diversos estudios constatan que los ácidos grasos Omega 3 benefician a las personas que tienen depresión o trastorno maniaco-depresivo bipolar. También disminuyen los síntomas en el trastorno límite de la personalidad, asegura Mary Zanarini de la Escuela Médica de Harvard (1).

Y, en general, parece demostrado que mejoran notablemente el estado de ánimo (1).

Se puede llegar a pensar que los ácidos grasos omega 3 podrían resultar, anímicamente hablando, como el “soma” descrito por Aldous Huxley (1894-1963) en su libro “Un mundo feliz”, de hecho nuestro organismo no puede sintetizarlos y tenemos que incorporarlos con la alimentación (pescado azul, algunas semillas oleaginosas, etc.); si se utilizan suplementos, la mágica pastilla no solo reduciría la agresividad sino que aumentaría el bienestar psíquico/físico.

No obstante y ya, bromas a parte, tenemos que ser cautos con el uso de suplementos y conseguir que nuestra alimentación esté equilibrada, para lo cual es imprescindible la reducción de grasas saturadas y trans y un adecuado equilibrio entre ácidos grasos omega 3 y omega 6. Es decir, un adecuado manejo de las grasas dentro de una alimentación saludable.

Enlaces relacionados:

Consumo de Ácidos Grasos: Conclusiones de una Consulta de Expertos de la FAO en el año 2008.

Fuentes bibliográficas:

(1) Stefanie Reinberger. “Alimento para la psique”. Revista Mente y cerebro 61-2013. Pág. 32, 33, 34, 35 Investigación y Ciencia. Edición Española de Scientific American.
(2) Grasas y Ácidos grasos en nutrición humana. Consulta de Expertos 10-14 de noviembre de 2008. Estudio FAO Alimentación y Nutrición 91. Publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT) Granada, España, 2012.
ISSN 1014-2916
FAO ISBN 978-92-5-3067336
(3) Jean Carper. “Tres teorías sobre el poder curativo de los alimentos”. Los Alimentos: Medicina Milagrosa. Pág. 42. 5ª Edición. Editorial Amat, S.L. Barcelona, 2008.
(4) Almudena Sánchez-Villegas, Estefania Toledo, Jokin de Irala, Miguel Ruiz-Canela, Jorge Pla-Vidal and Miguel A Martínez-González (2012). Fast-food and commercial baked goods consumption and the risk of depression. Public Health Nutrition, 15, pp 424-432. doi:10.1017/S1368980011001856.

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Última revisión: 05-11-19