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¿Os preocupa la gestión de vuestro tiempo?

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– Marina Muñoz Cervera –

En los tiempos actuales, todos tenemos prisa.

Queremos hacer muchas cosas “muy necesarias” todos los días y el estrés a la larga nos pasa factura.

Quizás os preguntéis ¿porqué estoy hablando del tiempo si este espacio está dedicado a la alimentación sana y a la salud? Todo está relacionado porque si podemos disponer de más tiempo libre nos cuidaremos mejor desde el punto de vista alimentario.

¿Cuántas veces nos hemos planteado que nos gustaría comer bien y aprender sobre alimentación, pero no tenemos tiempo?

Hay una herramienta que puede resultarnos muy útil. Sara Duarte, Experta en Gestión de Talento, Inteligencia Emocional además de haber estudiado Programación Neurolingüistica, Coaching, entre otras muchas disciplinas, ofrece en su Web la posibilidad de hacer un pequeño curso on line gratuito sobre Gestión del Tiempo. Lo único que tenemos que hacer es suscribirnos a la página y recibiremos 3 videos de 15 minutos cada uno, en los que Sara nos enseña a ser dueños de nuestro tiempo.

La Web, así como la orientación profesional de Sara, es sobre todo femenina, sin embargo, cada día más hombres se encuentran en la misma situación que las mujeres: mil cosas que hacer, varias funciones a la vez, etc., por eso pienso que puede ser útil para ambos sexos.

Podéis acceder a la Web a través del siguiente enlace: La Web de Sara Duarte y la derecha de la página encontraréis una leyenda que dice: “Apúntate y recibirás un curso gratuito”, solo teneís que mandar vuestro correo electrónico y listo.

Os animo a que lo intentéis, yo lo he hecho y os aseguro que Sara es una mujer encantadora, muy profesional y gracias a ella he encontrado algo que me estaba faltando: TIEMPO.

gestión del tiempo

Fuente:

Web de Sara Duarte
http://saraduarte.com/

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La enfermedad y los hábitos alimentarios.

tenedor pinchando el mundo

– Marina Muñoz Cervera –

Los hábitos de vida condicionan nuestra salud.

La relación de los hábitos con la salud y la enfermedad ha preocupado a los humanos desde los orígenes de las primeras civilizaciones y culturas.

En la antigüedad:

Tanto en los escritos de Hipócrates como de Galeno, hay numerosas referencias a los hábitos alimentarios y la salud; de hecho fue el mismo Hipócrates el que acuñó la palabra “Macrobioti” (1) y en sus Aforismos hace referencia a la forma de alimentación de los enfermos, así vemos que en el Aforismo número 4, decía (2):

“En los males que prometen
Larga y penosa carrera
Siempre fue perjudicial
Una rigurosa dieta,
En los agudos no tanto;
Pero es preciso se advierta,
Que si la inanición daña,
Cuando pasa a ser extrema,
La repleción demasiada
También ofende y molesta”.

En muchos pasajes de la Biblia se comentan aspectos de los hábitos dietéticos, así, en el Eclesiastés 9:7, nos dice:

“Ve, come tu alimento con regocijo (..)”

Y en otras religiones también se establecen aspectos de alimentación, que incluso han llegado a nuestros días, como la religión judía, islámica, cristiana, budista, hinduista, jainista, adventista, etc.

En algunos casos, los antropólogos han atribuido estas normas sobre los hábitos alimentarios a factores de rentabilidad productiva, eficiencia nutritiva e higiene de los alimentos (1).

El estudio científico de los hábitos alimenticios y su relación con la salud y enfermedad comienza en el Siglo XVIII, especialmente cuando los largos viajes de los navegantes obligaban a la tripulación a realizar dietas pobres y monótonas que desencadenaban enfermedades carenciales.

James Lind (1716-1794), médico escocés perteneciente a la Armada Británica, Royal Navy, realizó el primer ensayo clínico sobre el uso de cítricos en tratamiento del escorbuto y en 1753 publicó su obra, “Tratado sobre la naturaleza, las causas y la curación del escorbuto” (3).

La mayoría de las enfermedades nutricionales inicialmente descritas (escorbuto, beri beri, pelagra) se debían a la deficiencia extrema de algún nutriente, sobrevenían de una forma relativamente rápida y desaparecían tras la administración de ciertos alimentos y, por lo tanto, eran fáciles de reproducir y estudiar en el campo experimental del laboratorio (1).

Más cerca de la actualidad:

En los últimos años el interés por los hábitos alimentarios y la salud se ha desplazado hacia el estudio de enfermedades crónicas como la cardiopatía isquémica y el cáncer, además de otras patologías como las enfermedades cardiovasculares, diabetes mellitus, obesidad, malformaciones congénitas, enfermedades neurológicas, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, demencia senil, osteoporosis, enfermedades oculares, degenerativas, etc.

Estas enfermedades con múltiples etiologías están más bien relacionadas con un exceso de grasa, pero también pueden verse como patologías debidas a una deficiencia relativa de alimentos vegetales o sus componentes (1).

Aunque la relación entre la alimentación y las enfermedades crónicas puede, en parte, ser estudiada en laboratorio, por ejemplo produciendo arterioesclerosis en conejos alimentados con grasas saturadas, la mayor parte de la información debe obtenerse a partir de estudios en poblaciones formadas por personas que siguen hábitos alimentarios normales y libremente adoptados, lo que plantea particularidades y dificultades específicas; de aquí el interés en los estudios de epidemiología nutricional en los últimos tiempos (1).

Los primeros grandes estudios epidemiológicos se realizaron en la década de 1950; a finales de la década de los sesenta y durante los años ochenta, la epidemiología nutricional experimenta un gran desarrollo metodológico y la generalización de análisis estadísticos complejos ha permitido obtener una amplia información. Desde entonces las publicaciones sobre dieta, enfermedad o salud han crecido exponencialmente (1).

Hoy por hoy, la nutrición está pasando a un primer plano como un determinante importante de enfermedades crónicas que puede ser modificado y no cesa de crecer la evidencia científica en apoyo del criterio de que el tipo de alimentación tiene una gran influencia tanto positiva como negativa, en la salud a lo largo de la vida.

Sin embargo en muchos países la políticas se dirigen a la lucha contra la desnutrición de forma unilateral, a pesar de que existe en su población una doble carga de morbilidad, sobrepeso, obesidad y desnutrición (4).

Los ajustes en la alimentación no solo influyen en la salud del momento sino que pueden determinar que una persona padezca o no, a lo largo de su vida, enfermedades tales como cáncer, enfermedades cardiovasculares, osteoporosis, enfermedades dentales, obesidad y sobrepeso y diabetes (4), entre otras patologías frecuentes en algunos medios como litiasis biliar, renal, enfermedades gastrointestinales (gastritis, esofagitis, trastornos de malabsorción intestinal, trastornos de flora de intestinal, pólipos en el colon, etc.), hígado graso, pancreatitis, depresión, anemias y otros procesos carenciales, alteraciones inmunitarias que aumenta la susceptibilidad a patologías infecciosas, etc.

La carga de enfermedades crónicas está aumentando en el mundo, se ha calculado que en el año 2001, causaron un 60% del total de 56,5 millones de defunciones notificadas en el mundo y un 46% de la carga mundial de morbilidad, se estima que esta carga puede aumentar a un 57% para 2020 (4). También se ha previsto que para el año 2020, las enfermedades crónicas representaran las tres cuartas partes del total de defunciones; a nivel mundial el 60 % de esta carga corresponderá a países en desarrollo (4).

Bien es sabido que en el reino animal las adaptaciones relacionadas con la elección de alimentos y la actividad recolectora tiene una gran impacto en la supervivencia, la reproducción de los individuos, y al final, en su éxito evolutivo.

En la especie humana, sin embargo, tendemos a ver la elección de alimentos como un rasgo cultural no directamente relacionado con nuestro pasado biológico. Y nuestra evolución cultural alimentaria tiene consecuencias, incluso genéticas, favorables y desfavorables; así, la cría de animales para la producción de leche, por ejemplo, puede hacer que la frecuencia de tolerancia a la lactosa varíe de una región a otra en el mismo continente; en Tailandia, solo el 3% de la población presenta tolerancia a la lactosa, sin embargo, en el norte de la India, donde la actividad lechera es común, la proporción llega al 70% (5).

Como vemos, no podemos deslindar la salud y la enfermedad de nuestros hábitos alimentarios, son la base de nuestra vida para bien o para mal.

Y con esta entrada, abrimos una nueva categoría “Una mala alimentación y sus consecuencias”, dentro de la que iremos conociendo con más profundidad cada una de la enfermedades relacionadas con una alimentación inadecuada.

En realidad, si partimos del concepto de que una alimentación sana es la base de nuestra salud, toda enfermedad obedecería a un desequilibrio alimentario y aunque esto último es una teoría muy antigua y hoy en día existen noxas que por sí solas nos pueden hacer enfermar, lo cierto es que si nuestra base es sólida, nos dará la fortaleza física y mental para superar con mucha menos dificultad cualquier problema de salud que pueda surgir. Y, si por desgracia, ya estamos enfermos, mejorará enormemente la evolución de la patología que pueda existir, conduciéndonos a tener calidad de vida.

Fuentes:

(1) Angel Gil. Tratado de Nutrición II. Nutrición Humana en el Estado de Salud. Pág. 3. 2ªEdición. Editorial Médica Panamericana. Madrid, 2010.
(2) Aforismos de Hipócrates. Traducidos, ilustrados y puestos en verso castellano por el Doctor Don Manuel Casal T. Aguado, Alias, Don Lucas Alemán. Imprenta de Repullés. Madrid 1818. Universidad Complutense de Madrid. (Digitalizado por Google).
(3) James Lind. http://es.wikipedia.org/wiki/James_Lind
(4) OMS Serie de Informes Técnicos nº 916. “Dieta, Nutrición y Prevención de Enfermedades Crónicas” Informe de una consulta Mixta FAO/OMS Organización Mundial de la Salud. Ginebra, 2003.
(5) Olli Arjamaa y Timo Vuorisalo. “Genes, cultura y dieta”. Investigación y Ciencia nº 66. Prensa Científica, S.A. 2011.

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Antropometría: IMC y otros índices.

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-Marina Muñoz Cervera-

La antropometría utiliza las medidas corporales para determinar  la composición del cuerpo. La altura y el peso son los índices más faciles de medir, en los adultos su relación es casi lineal (1).

Paul Pierre Broca, médico, anatomista y antropólogo francés (1824-1880) (2) creó una fórmula simple: altura (en cm) – 100= peso normal. Si se calcula entre el 10 y el 15% de ese peso normal y se le resta del total, obtenemos el denominado “peso ideal”. Estos cálculos, hoy en día, resultan antiguos e imprecisos por lo que están en desuso.

El Índice de Masa Corporal (IMC) refleja una medida antropométrica más precisa y se calcula dividiendo  el peso corporal en kg por el cuadrado del altura en metros: Peso (kg)/altura (m)² y por ello su expresión es:  kg/m².

La clasificación que la Organización Mundial de la Salud (OMS) hace con respecto al IMC, es la siguiente (3):

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El IMC es el valor estándar actual  que se emplea para evaluar el peso corporal porque se correlaciona bastante bien con la grasa corporal total. Sin embargo no sólo es la grasa lo que determina el peso del cuerpo, también los músculos, el agua extracelular y la masa ósea contribuyen a aumentar el peso corporal. Por ejemplo, los deportistas  suelen tener un IMC bastante alto sin depósitos de grasa abundantes.

Para resolver esta imprecisión se debe medir la grasa subcutánea. En teoría esto podría llevarse a cabo con ecografía o espectroscopia infrarroja. Sin embargo, en la práctica cotidiana se comprobó la utilidad de la medición del espesor del pliegue corporal con plicómetros de precisión. De los cuatro pliegues cutáneos más empleados  el situado sobre el músculo tríceps es el más accesible y es el que se puede determinar con mayor confiabilidad. Los errores en la medición del espesor del pliegue cutáneo pueden deberse a una distribución heterogénea  de la grasa corporal.

Hay otra medición, la relación entre la cintura y la cadera, que toma en cuenta esta fuente de error.

La circunferencia de la cintura  se mide en posición de pie entre el extremo inferior de la última costilla y el extremo superior de la pelvis.

La circunferencia de la cadera se mide a nivel de los trocánteres mayores ( más o menos en la parte media de los glúteos).

Una relación de cintura/cadera superior a 0,88 en mujeres y a 1 en los hombres, indica una “distribución androide” de la grasa abdominal, que se asocia especialmente con complicaciones cardiovasculares y otras enfermedades. Si la relación es baja predomina un “patrón ginecoide” que se asocia con menor riesgo para la salud.

La relación entre las medidas de la cadera y la cintura representa una herramienta particularmente útil para determinar si es necesario reducir el peso corporal en casos de sobrepeso moderado (1).

Como hemos visto, disponemos de varios recursos para saber si nuestro peso está dentro de los límites, considerados saludables y es conveniente coger un metro, una báscula, un bolígrafo y una calculadora, de cuando en cuando, para comprobar si nos mantenemos dentro de los valores normales.

Fuentes:

(1) Biesalski – Grimm. Composición corporal: Antropometría. Nutrición Texto y Atlas. Editorial Médica Panamericana. Madrid 2009.

(2) http://es.wikipedia.org/wiki/Paul_Broca

(3)  http://www.who.int/features/factfiles/obesity/es/index.htm

Imágenes:

http://t2.uccdn.com/images/8/8/4/img_como_efectuar_mediciones_de_la_cintura_1488_orig.jpg

http://4.bp.blogspot.com/_UQtfD7ytQ3U/TTMjdiGwoJI/AAAAAAAAACo/vwphhcjaOVM/s320/blog_dieta_bascula.jpg

Cita

Un precioso mensaje de salud integral.

fondo de mar

– Marina Muñoz Cervera –

“La Salud es la forma física, un estado de equilibrio del cuerpo que se vincula con los estados mentales y espirituales y combinados (..)”

Fuente: Maly Sajnovick
Directora de AcquaSanna ” Centro Integrador del Bienestar Psicofísico”

Imagen: http://4.bp.blogspot.com/-IMkekYC2uBI/UNJTDXbq9mI/AAAAAAAADeE/OKBjdpYVMK8
Barcelona ( ES)

http://www.facebook.com/CentroAcquaSanna

Última revisión: 21-08-18