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El Magnesio y su importancia para la salud.

de compras
– Marina Muñoz Cervera –

El magnesio es un mineral clave para la salud y el equilibrio mental.

Es el cuarto mineral más abundante del organismo y participa en más 300 reacciones bioquímicas. Sin magnesio no podemos fabricar los neurotransmisores necesarios para el funcionamiento óptimo de nuestro cerebro.

Su deficiencia es una de las causas de estrés no compensado que se traduce en desasosiego, malestar, ansiedad casi constante, fobias, miedos sin fundamento, etc.
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Alimentos y pensamientos

imagen creativa

– Marina Muñoz Cervera –

“Así como son los alimentos, son los pensamientos, así como son los pensamientos, serán las acciones, así como son las acciones será la conducta, así como es la conducta es la salud” Proverbio Védico

“Buen alimento, mejor pensamiento” Anónimo

vegetales

Fuente:
Vanina Repun. Nutrición inteligente. “Frases que nutren”. 7 de abril de 2011.
http://inteligentenutricion.blogspot.com/2011/04/frases-que-nutren.html

Imágenes:
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http://recetasvegetarianas7.wordpress.com/2012/01/08/comer-sano-influye-en-el-pensamiento/

El descubrimiento de un área cerebral en los humanos marca la diferencia.

mano

– Marina Muñoz Cervera –

La capacidad para planear el futuro nos diferencia de otros homínidos.

Nuestra biología sigue descubriéndose y, recientemente, un grupo de científicos ha encontrado una nueva región cerebral, que no existe en los monos, cuyas funciones están relacionadas con la planificación estratégica y la capacidad de tomar decisiones.

El área cerebral, que parece única para los humanos, según refieren los expertos, se sitúa en un área a su vez mayor, la corteza frontal ventrolateral, que ya se había relacionado en otros estudios con la capacidad humana de desarrollar un pensamiento complejo. Se ha denominado “lateral frontal pole prefrontal cortex”.

Parece ser que nuestra capacidad para planear el futuro, ser flexibles a la hora de enfocar las situaciones y aprender de los demás, son cualidades exclusivamente humanas y es muy probable que esta nueva región cerebral esté relacionada con dichos poderes cognitivos.

Si queréis leer el resumen del artículo, publicado en la revista “Neuron”,  podéis entrar a través del siguiente enlace:

Comparison of Human Ventral Frontal Cortex Areas for Cognitive Control and Language with Areas in Monkey Frontal Cortex.

El conocimiento de nuestras capacidades nos da el valor de ponerlas en práctica día a día y la magia de la evolución natural nos ha dado una valiosa herramienta, que se ha ido desarrollando de generación de generación por las necesidades que hemos tenido que superar a lo largo del tiempo.

Entradas relacionadas:
La importancia de la alimentación en la evolución humana.

Fuentes:

– Marta Jiménez Serrano. El Confidencial, Alma, corazón y vida. “Los científicos hallan una nueva parte del cerebro humano”. 30 de enero de 2014.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-01-30/los-cientificos-hallan-una-nueva-parte-del-cerebro-humano_82858/

– Neuron. “Comparison of Human Ventral Frontal Cortex Areas for Cognitive Control and Language with Areas in Monkey Frontal Cortex” 30 de enero de 2014.

10.1016/j.neuron.2013.11.012

http://www.cell.com/neuron/abstract/S0896-6273%2813%2901080-5

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Beneficios de la combinación “desayuno – deporte”.

actividades deportivas

desayuno saludable

– Marina Muñoz Cervera –

Para hacer cualquier tipo de actividad física el organismo necesita energía.

En ocasiones, la ansiedad por quemar las grasas existentes nos conduce a pensar que la mejor manera de hacer ejercicio es “en ayunas”.

Sin embargo, de esta forma, sometemos a nuestro cuerpo a un estrés sin proporcionarle el combustible necesario para superarlo.

Los procesos metabólicos que conducen a quemar las grasas son complejos y necesitan de un aporte energético, si no lo proporcionamos, nuestro organismo recurrirá a vías propias de obtención de energía produciéndose un resultado posiblemente inverso al esperado y en cualquier caso, un desequilibrio metabólico que se manifiesta a la corta y a la larga con riesgos para la salud.

Eso nos dice la teoría, pero cada persona es un mundo y la práctica a veces nos lleva por otro camino .

Las sugerencias de un estudio de investigación.

En la experiencia que refiere un interesante artículo publicado recientemente por EUFIC (European Food Information Council), nos cuentan que un estudio llevada a cabo por investigadores del Brain Performance and Nutrition Research Center (Centro de Investigación de Rendimiento Cerebral y Nutrición), Universidad de Northumbria, Inglaterra, y publicado en la Revista Appetite, demostraron que la combinación del desayuno y el ejercicio de la mañana tiene un efecto beneficioso sobre el rendimiento mental y estado de ánimo durante el día.

El rendimiento es un concepto multidimensional que está relacionado con la eficiencia física y mental. El rendimiento mental, también conocido como el rendimiento cognitivo, se refiere a la capacidad de resolver problemas, tomar decisiones, memorizar y mantenerse alerta (1).

Las pautas dietéticas sugieren que el desayuno es importante para la salud y el bienestar, y estudios previos han observado un efecto beneficioso sobre el estado de ánimo y la memoria. Del mismo modo, el ejercicio mejora algunos aspectos de rendimiento mental, un efecto que puede ser atribuido al aumento de la excitación durante un período de recuperación. Este estudio ha sido el primero en examinar el efecto interactivo de desayuno y el ejercicio (1).

Los investigadores refieren que estos resultados solo pueden generalizarse a hombre activos, pues sobre ellos realizaron la investigación; sobre mujeres u hombre inactivos o poco activos, los resultados podrían ser diferentes. El estudio se ha centrado en un grupo muy concreto, previamente seleccionado, de 12 hombres sanos, activos y con edades comprendidas entre 21 y 26 años (1) (2).

En este tema es mejor ser cauteloso y ante la más mínima duda, consultar con un Experto en Alimentación Deportiva que seguro nos orienta de la forma más adecuada, atendiendo a nuestro estado físico y circunstancias personales.

Esta entrada está basada en una traducción libre al castellano del artículo de EUFIC y del abstract del artículo original.

Fuentes:

(1) EUFIC (European Food International Council). “Beneficial effects of exercise after morning breakfast on our mental performance and mood”
(2) Appetite. Volume 68, 1 September 2013, Pages 38–44.

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Última revisión: 05-10-19

Para el rendimiento intelectual: Come con regularidad.

estudiante

– Marina Muñoz Cervera –

Nuestro cerebro necesita glucosa, pero no azúcar.

El funcionamiento del cerebro necesita energía para rendir de una forma óptima y atender a todas las necesidades que, día a día, nos requiere la vida. Cuando estudiamos, nuestro rendimiento puede verse mermado si no aportamos los nutrientes necesarios para compensar el gasto energético.

Los alimentos que contienen almidón (pan, arroz, pasta y patatas) son las mejores fuentes de glucosa, que es el combustible imprescindible para el funcionamiento cerebral, además de las frutas, zumos, mermeladas, miel y el azúcar.

El organismo es capaz de transformar los almidones digeribles en glucosa, que el torrente sanguíneo arrastra hasta el cerebro y otros órganos para aportarles energía.

Un artículo publicado en la Web de EUFIC (European Food Internacional Council) (1), nos habla sobre este interesante tema.

Azúcar no es lo mismo que glucosa.

Se tiende a equiparar el término azúcar con el de glucosa y así, nuestra tendencia es consumir azúcares para alimentar nuestro cerebro. Sin embargo, hay dos puntos importantes que conviene precisar:

– Por un lado, el azúcar de mesa no es glucosa, es sacarosa, un disacárido formado por alfa-glucopiranosa y beta fructopiranosa, es decir, contiene glucosa.

– Por otro lado, la ingesta de azúcar de mesa u otros azúcares simples por encima de los límites recomendados (no más de un 10% del 50-60% de glúcidos recomendados, incluidas las frutas), desequilibra el metabolismo, eleva mucho la glucemia y puede ser un riesgo para el padecimiento de diabetes tipo II, entre otras patologías.

Cuando estudiamos, necesitamos energía de larga duración para que nuestro rendimiento sea constante, los azúcares de acción rápida como el existente en los caramelos azucarados, el azúcar de mesa, bebidas azucaradas, etc., nos proporcionan energía durante muy poco rato, con lo que nuestra tendencia será  consumir más y más. Fácilmente superamos las cantidades recomendadas en un rato de estudio.

Utilizando el símil de la gasolinera, para que nuestro cerebro funcione bien, necesitamos combustible para un rato, sería absurdo ir a llenar gasolina cada media hora; mejor es llenar bien el depósito 5 veces al día que quince mal, es más fácil que nos quedemos sin energía con esta segunda opción.

Sin embargo, si el aporte energético lo llevamos a cabo con almidones, teniendo en cuenta que es recomendable ingerirlos junto a otros alimentos para evitar subidas de glucemia, y los consumimos con regularidad, nuestra capacidad no se verá mermada por una falta de energía.

Tenemos que tener en cuenta que el cerebro humano está formado por una densa red de neuronas, o células nerviosas, que están constantemente activas, incluso mientras dormimos.

Para obtener la energía necesaria para mantener esa actividad, el cerebro depende del suministro continuo de glucosa del torrente sanguíneo.

En una dieta saludable, entre el 50 y el 60% de la energía total debería proceder de los glúcidos (no más de un 10 % de azúcares simples, incluida la fruta, mermeladas, compotas, miel, bebidas azucaradas y azúcar de mesa). Un adulto de peso normal requiere 200 g de glucosa al día, dos tercios de los cuales (unos 130 g) están específicamente destinados a cubrir los requerimientos de glucosa del cerebro.

¿Cómo se consigue este aporte energético?

La mejor forma de conseguir un nivel óptimo de glucosa en sangre es comer con regularidad y manteniendo un equilibrio nutricional. Los estudios realizados a niños y adolescentes han demostrado que desayunar puede ayudar a mejorar el rendimiento mental al potenciar las tareas relacionadas con la memoria y la atención (1).

A veces tenemos que actuar ante un bajón brusco de energía suministrando al organismo rápidamente una bebida azucarada o un caramelo, pero estas situaciones son excepcionales y si se convierten en generalidad nuestra salud se pone en riesgo.

Enlaces relacionados:

Los carbohidratos o glúcidos y su impacto en el reparto alimentario.

Fuente:

EUFIC European Food International Council. “La glucosa, el combustible mental”. Alimentación Hoy en Día Agosto 2013.

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Última revisión: 05-10-19

Relacionan el consumo excesivo de grasas con deficiencias en el aprendizaje.

ratón

-Marina Muñoz Cervera –

Los estudios de investigación siguen encontrando efectos perjudiciales relacionados con el consumo excesivo de grasas.

En un artículo publicado por Diario Salud.net, hoy día 22 de febrero de 2013, nos cuentan que investigadores de la Universidad de Illinois (USA) han demostrado, experimentalmente, que una dieta rica en grasas podría afectar al metabolismo de la dopamina en el cerebro, lo que provocaría un comportamiento ansioso y deficiencias en el aprendizaje, propias del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. “Curiosamente, cuando el metilfenidato se administró, los problemas de aprendizaje y memoria se fueron” expresó Gregory Freund (1).

La Dopamina es un neurotransmisor, es un mensajero que ayuda en la transmisión de señales en el cerebro y otras áreas vitales. Se encuentra en los seres humanos así como en animales vertebrados e invertebrados (2).

El Metilfenidato es un fármaco que se prescribe como parte de un programa de tratamiento para controlar los síntomas de trastorno por déficit de atención con hiperactividad (3).

Según los resultados del estudio mencionado, la dopamina alterada es también una característica de las personas con sobrepeso y obesidad. “El aumento de metabolitos de la dopamina se asocia con conductas de ansiedad en los niños” apuntaron los investigadores (1).

El autor principal del estudio, Gregory Freund, de la Facultad de Ciencias de la Nutrición, y su equipo, examinaron los efectos a corto plazo, en ratones, de un contenido de grasa alto (el 60% eran calorías) y uno bajo (10% de calorías) durante cuatro semanas. En general, una dieta occidental típica contiene entre el 35 y 45 por ciento de grasa (1).

“Tras una semana de dieta alta en grasa, incluso antes de que fuéramos capaces de ver cualquier aumento de peso, el comportamiento de los ratones del primer grupo comenzó a cambiar”, ha señalado el autor. De esta manera, el equipo observó que los ratones manifestaban síntomas de ansiedad, ya que corrían más rápido por la rueda de la madriguera. Ellos también padecieron un déficit de aprendizaje y memoria, incluyendo disminución de la capacidad para negociar un laberinto y el deterioro del reconocimiento de objetos. Los ratones, a los que se les cambió la dieta a una con un bajo nivel de grasa, volvieron a recuperar la funcionalidad. Sin embargo, los que continuaron con la dieta alta en grasa, su reconocimiento de los objetos permaneció alterado tres semanas después de la aparición de los primeros síntomas (1).

Freund ha señalado que, en otros estudios, la bioquímica cerebral se normalizó después de 10 semanas. En ese momento, la dopamina cerebral vuelve a la normalidad, aunque los ratones se han convertido en obesos y han desarrollado diabetes (1).

El estudio sugiere que una dieta alta en grasa puede provocar ansiedad y trastornos de memoria en niños genéticamente o ambientalmente predisponibles a ellos (1).

Enlaces relacionados:

¿Porqué consumir grasas saturadas en exceso supone un “comportamiento poco sano”?
Un estudio sobre las grasas saturadas y sus efectos sobre el cerebro.
Consumo de Ácidos Grasos: Conclusiones de una Consulta de Expertos de la FAO en el año 2008.

Fuentes:
(1) “Las dietas ricas en grasas pueden provocar deficiencias de aprendizaje”. Diario Salud Net. Europa Press. viernes, 22 de febrero de 2013.
http://www.diariosalud.net/index.php?option=com_content&task=view&id=25293&Itemid=413
(2) Dr. Ananya Mandal, MD.”¿Qué es la Dopamina?” News Medical.
http://www.news-medical.net/health/What-is-Dopamine.aspx
(3) “Metilfenidato”. Mediline plus. Un servicio de la Biblioteca Nacional de EEUU. NIH. Institutos Nacionales de Salud.
http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/druginfo/meds/a682188-es.html

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Relación entre obesidad y falta de sueño: Un interesante estudio sobre la actividad cerebral.

– Marina Muñoz Cervera-

En un artículo publicado por  EUFIC (European Food Information Council) en el año 2008, La privación de sueño y sus consecuencias metabólicas, nos explican que la privación del sueño está relacionada con diversos cambios adversos en la actividad metabólica: aumentan los niveles de cortisol (una hormona implicada en la respuesta al estrés) en sangre, la respuesta inmune se ve afectada, disminuye la capacidad del organismo de procesar glucosa y el control del apetito se altera. Este tipo de cambios, pueden observarse en personas cuyo patrón de sueño está trastornado debido, por ejemplo, al cuidado de un bebé o a una enfermedad. El resultado final es que el funcionamiento normal del cuerpo se ve perturbado por la falta de sueño, y esto produce ciertas consecuencias metabólicas.

Los estudios epidemiológicos y de laboratorio realizados indican que la falta de sueño puede desempeñar un papel en el aumento de la prevalencia de la diabetes y la obesidad. La relación entre la restricción del sueño, la ganancia de peso y el riesgo de padecer diabetes podría derivar de alteraciones en el metabolismo de la glucosa, un aumento del apetito y una disminución del gasto energético (1).

Se han hecho, desde entonces, varias investigaciones que corroboran los efectos descritos anteriormente y EUFIC ha publicado, recientemente,  un interesante artículo: Brain response to food stimuli may explain link between inadequate sleep and obesity, (“La respuesta cerebral ante el estímulo de la comida puede explicar la relación entre el sueño inadecuado y la obesidad”) (2)  del que he hecho una traducción libre.

Según nos explican,  el sueño escaso podría conducir a una mayor tendencia a comer en exceso porque está aumentada la actividad cerebral en respuesta a los estímulos de la comida. Se basan en una investigación de la Universidad de Colombia publicada en el mes de abril por The American Journal of Clinical Nutrition Sleep restriction leads to increased activation of brain regions sensitive to food stimuli.

Hasta ahora, los estudios muestran una estrecha relación entre la obesidad y la falta de sueño, se ha demostrado que se ven afectadas hormonas clave relacionadas con la regulación del apetito y el equilibrio de energía, insulina, leptina y grelina; sin embargo, se han hecho pocas investigaciones sobre cómo pueden afectar los estímulos de comida a la actividad cerebral en situaciones de deprivación de sueño.  Por ello los investigadores de la Universidad de Colombia intentaron determinar el efecto del sueño regular frente al sueño reducido, en la actividad de las neuronas de diferentes áreas del cerebro ante el estímulo visual de cuadros con alimentos diferentes.

Para ello hicieron una investigación entre hombres y mujeres de la ciudad de Nueva York, con edades comprendidas entre los 30 y 45 años  y valores de IMC (Índice de masa corporal) establecidos entre 22 y 26 kg/m². Os cuento de forma muy resumida cómo se desarrolló el estudio: Después de someter a los participantes a diferentes entrenamientos (unos, elegidos al azar, se sometían durante varios días a un horario de sueño de 9 horas diarias y otros a cuatro horas) todos ellos bajo control; les mostraron  imágenes de diferentes comidas y objetos no alimenticios, mientras exploraban su actividad cerebral con Imágenes de Resonancia Magnética Funcional.

En los individuos con el sueño restringido, los cuadros de la comida aumentaron la actividad en varias regiones del cerebro: la corteza orbitofrontal (OFC), ínsula, regiones de los ganglios basales, sistema límbico y otros. Sin embargo en los que habían dormido, con regularidad, las 9 horas de sueño habitual, los estímulos de comida aumentaron la actividad en áreas de la corteza orbitofrontal (OFC) pero de forma menos intensa y menos extensa.

Las regiones del cerebro que más se activaron en los participantes con el sueño restringido fueron las áreas más relacionadas  con la motivación, recompensas, procesamiento cognitivo, toma de decisiones y autocontrol.

El núcleo accumbens y las regiones de núcleo putamen también se activaron en mayor grado después de la restricción del sueño y estas regiones tienen que ver con recompensa, placer, refuerzo del aprendizaje y drogadicción.

Además los investigadores descubrieron que, después del sueño restringido, la actividad de las neuronas en el cerebro fue similar al patrón neuronal que está presente en alguien que ha perdido peso y está intentando recuperar su peso corporal inicial.

Este estudio demuestra que la relación entre la falta de sueño y la obesidad puede no ser únicamente hormonal, podría ser, en parte, debida a la actividad neuronal aumentada en regiones cerebrales unidas a motivación y recompensa, y esto puede conducir a la gente, que no duerme bastante, a buscar la comida.

Fuentes:

(1)
http://www.eufic.org/article/es/artid/privacion-sueno-consecuencias-metabolicas/

(2) http://www.eufic.org/article/es/artid/privacion-sueno-consecuencias-metabolicas/

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La importancia de la alimentación en la evolución humana.

mapa del mundo

– Marina Muñoz Cervera –

Las circunstancias y los ecosistemas por los que ha pasado nuestra especie, han ido determinando la historia de la humanidad. Parece obvio pensar que la alimentación ha sido determinante en todo ello, sin embargo, en el desarrollado mundo actual, a veces olvidamos qué repercusiones tuvieron los cambios alimentarios en la continua evolución de los seres humanos. Vamos a mirar un poco al pasado, quizás para seguir caminando hacia el futuro con mayor base de conocimiento. Me he basado para escribir este texto en un interesantísimo artículo de la revista Investigación y Ciencia, cuyos datos menciono en la fuente, al final de esta entrada.

Las características que diferencian a los seres humanos del resto de los primates se debieron, en buena parte a la selección natural.

El interés científico en la evolución de los requerimientos nutritivos de nuestra especie cuenta con una larga tradición. Pero la investigación se intensificó a raíz de una publicación, en 1985, del artículo “Nutrición Paleolítica” en New England Journal of Medicine, firmado por S. Boyd Eaton, y Melvin J. Konner, de la Universidad de Emory. Sostenían que la difusión en las sociedades modernas de muchas enfermedades crónicas (obesidad, hipertensión, enfermedades coronarias y diabetes) se debía al alejamiento  de nuestra alimentación del tipo de dieta que había evolucionado  para una población de cazadores-recolectores prehistóricos, como mencionábamos al principio de este texto.

En los 18 años transcurridos desde este estudio pionero, hemos avanzado mucho en el conocimiento de las necesidades nutricionales humanas. Hoy sabemos que la evolución nos ha moldeado de esta forma para que no dependiéramos de una sola dieta paleolítica, sino que fuésemos flexibles en los hábitos alimentarios.

Para llegar a comprender el papel de la alimentación en la evolución humana, debemos recordar que la obtención de comida, su consumo y su utilización en diversos procesos biológicos, son aspectos fundamentales en un ser vivo. La dinámica energética entre los organismos y su entorno (energía gastada respecto de energía adquirida) comporta necesidades adaptativas para la supervivencia y reproducción.

El entorno influye en la forma en que el individuo reparte la energía entre mantenimiento y producción. Unas condiciones hostiles imponen costes de mantenimiento superiores; sin embargo el objetivo de todos los organismos es el mismo: dedicar suficiente energía  a la reproducción para asegurar a largo plazo el éxito de la especie.

El bipedismo:

Los primates no humanos deambulan sobre las cuatro extremidades; de ahí que se dé por hecho que el último antepasado común de los humanos y de los chimpancés (nuestro pariente vivo más próximo) fuera cuadrúpedo. No sabemos cuándo vivió ese último antepasado pero existen indicios claros de locomoción bípeda en Australopithecus que vivieron en África hace unos cuatro millones de años.

En la bibliografía paleoantropológica existen muchas hipótesis sobre el origen de la locomoción bípeda.  C. Owen Lovejoy, de la Universidad Estatal de Kent, propuso en 1981, que la locomoción sobre dos extremidades inferiores liberaba los brazos para transportar las crías y los alimentos recolectados. Más próximamente, Kevin D. Hunt, de la Universidad de Indiana, defendió que surgía porque permitió alcanzar alimentos a los que antes no se llegaba. Según Peter Wheeler de la Universidad John Moores de Liverpol, desplazarse erguido permitía a los homínidos  regular mejor la temperatura corporal, porque así exponían menos superficie corporal al abrasador sol africano.

Hay muchas más teorías, pero William R. Leonard, basándose en investigaciones realizadas con su esposa, Marcia L. Robertson, sostiene que nuestros antepasados se hicieron bípedos, en parte porque ese tipo de locomoción, resulta, desde el punto de vista energético, menos costosa que la locomoción cuadrúpeda.

A los simios antropomorfos no les resulta barato caminar a cuatro patas.  Los chimpancés que caminan con los nudillos, gastan aproximadamente un 35% de caloría más que un cuadrúpedo ordinario del mismo tamaño, como un perro grande.  La mayor parte de la evolución de los primeros homínidos se produjo en zonas de bosques abiertos y en praderas donde se hacía difícil hallar el sustento.  Las sociedades actuales de cazadores y recolectores, que viven en ambientes así, suelen cubrir distancias de 10 a 13 kilómetros cada día para encontrar comida.

En el grupo de los homínidos del Plioceno, dicha evolución fue causada por el cambio climático. A medida que el continente africano se hacía más seco y las sabanas se extendían a expensas de los bosques, los recursos alimentarios se distribuían  con una discontinuidad creciente. En este contexto, la locomoción bípeda puede considerarse como una de las primeras estrategias en la evolución de la nutrición humana; una forma de desplazamiento que redujo drásticamente el número de calorías empleadas en buscar unos recursos alimenticios cada vez más dispersos.

Desarrollo del tamaño cerebral:

En cuanto los humanos perfeccionaron su locomoción, comenzó el siguiente acontecimiento fundamental de la evolución: el desarrollo del tamaño cerebral.

De acuerdo con el registro fósil, los Australopithecus no alcanzaron un cerebro mucho mayor que el de los simios antropomorfos; sólo experimentaron un aumento modesto de unos 400 centímetro cúbicos, hace 4 millones de años, y a 500, 2 millones de años más tarde. Sin embargo, el volumen cerebral del Homo pasó de los 600 centímetro cúbicos del “Homo habilis”, hace unos dos millones de años , a los 900 centímetro cúbicos de los primeros “Homo erectus”, sólo 300.000 años más tarde. El cerebro del H. erectus, no alcanzó el tamaño actual (1350 centímetro cúbicos como término medio) pero superó al de los primates no humanos.

El aspecto más extraordinario, desde el punto de vista evolutivo, de un cerebro voluminoso, es la cantidad de energía que consume, unas 16 veces más que el tejido muscular por unidad de peso. Debemos gastar una fracción importante  de nuestro suministro energético diario al funcionamiento cerebral; este órgano,  en reposo, representa un 20-25% de las demandas energéticas de un adulto humano, mucho más que el 8-10% observado en los primates no humanos y el 3-5% que asignan al cerebro de otros mamíferos.

En la evolución de un cerebro tan costoso en energía, intervinieron varios factores, pero no fue posible antes de que los homínidos adoptaran un tipo de dieta tan rica en calorías y nutrientes que cubriese sus necesidades.

Los fósiles revelan que la mejora en la calidad de la dieta acompañó al desarrollo evolutivo del cerebro. Todos los Australopithecus tenían características esqueléticas y dentarias adaptadas al consumo de alimentos vegetales coriáceos y de baja calidad. Sus representantes más avanzados, los australopitecos robustos (una línea familiar extinta del árbol familiar de los homínidos, contemporánea de miembros de nuestro género) habían adquirido rasgos evidentes de masticar vegetales fibrosos: rostros macizos y discoidales, mandíbulas muy potentes, cresta sagital en la parte superior del cráneo para la inserción de poderosos músculos masticadores y molares robustos con esmalte muy grueso. En cambio los primeros miembros del género Homo, que descendían de los australopitecos gráciles, tenían caras mucho más pequeñas, mandíbulas más delicadas, molares menores y carecían de cresta digital, a pesar de que su cuerpo era mucho mayor que el de sus predecesores. Este conjunto de características indica que los primeros Homo  consumían menos vegetales y más alimentos de origen animal. La extensión de la sabana  incrementó la presencia de mamíferos de pasto, como los antílopes y las gacelas; la captura de animales se convirtió en unos de los fundamentos de la alimentación.

Pero estos cambios en la dieta y en el comportamiento asociado a ella, no convirtieron a nuestros antepasados en carnívoros estrictos, sin embargo la adición de pequeñas cantidades de alimentos de origen animal a su dieta, combinada con la repartición de recursos, común en los grupos de cazadores-recolectores, aumentó la calidad y estabilidad de su alimentación.

La migración alimentaria:

Cuando los seres humanos se trasladaron a latitudes más septentrionales, tropezaron con nuevas dificultades alimentarias. Los neandertales que vivieron durante las últimas glaciaciones en Europa, fueron los primeros homínidos que habitaron ambientes de tipo ártico; hubieron de aumentar la cantidad de calorías que ingerían para sobrevivir bajo estas condiciones. Podemos obtener alguna pista sobre sus requerimientos energéticos, a partir de datos de poblaciones humanas actuales que, con modos de vida tradicional, moran en las zonas septentrionales. Los “evenki” pastores siberianos de renos estudiados por Meter Katzmarzyk, de la Universidad Queen´s de Ontario y Victoria A. Galloway, de la Universidad de Toronto, y los “inuit”  (esquimales) del ártico canadiense tienen un metabolismo basal un 15% más alto de los individuos de talla similar que viven en climas templados. Las actividades, mucho más costosas desde un punto de vista energético, asociadas a la vida en un clima boreal elevan todavía más el requerimiento calórico. Por ejemplo, un hombre de 75 Kilos de un país industrializado  solo necesita unas 2600 Kilocalorías al día, mientras que un “evenki” de 56 Kilos requiere más de 3000 Kilocalorías diarias para vivir.

Que fueran capaces  de satisfacer estas demandas energéticas nos habla de sus grandes aptitudes para obtener alimento.

Conclusiones:

Del mismo modo  que la exigencia de mejorar la calidad de la dieta influyó en la evolución humana inicial, factores análogos desempeñaron una función crucial en el incremento, más reciente, del tamaño de la población.

La cocción de los alimentos, la agricultura e incluso ciertos aspectos de la técnica moderna de la alimentación pueden considerarse tácticas innovadoras para potenciar la calidad de la dieta humana. En primer lugar la cocción aumentó  la energía disponible en las plantas silvestres. Con la llegada de la agricultura, el humano empezó a manipular especies marginales para aumentar su producción, digestibilidad y contenido nutritivo. Toda esta serie de transformaciones continúa, hoy en día, con la modificación genética de plantas cultivadas que producen “mejores” frutos, vegetales y cereales.

El resultado de todo ello ha sido eficaz: la especie humana no se ha extinguido. Sin embargo se trata, no solamente de sobrevivir, sino también de vivir con salud.

El estudio de poblaciones que mantienen todavía un estilo de vida tradicional nos enseña que el humano puede, hoy día, cubrir sus exigencias nutricionales mediante una gran variedad de estrategias alimentarias. La evolución habría privilegiado la flexibilidad en la dieta y la disponibilidad de alimentos.

Fuente bibliográfica:

William R. Leonard. La incidencia de la dieta en la hominización. Investigación y Ciencia 66 (317). La dieta humana: biología y cultura. 4º trimestre 2011. Prensa científica, S. A.

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El impacto de los colores en nuestra memoria.

– Marina Muñoz Cervera –

Hoy, día 2 de julio de 2012, vamos a comenzar una nueva categoría de artículos y noticias, relacionadas con nuestra evolución biológica, para estar al día, con las novedades que van surgiendo sobre el comportamiento y evolución humanas. Me parece interesante que, al mismo tiempo que vamos profundizando en la forma de alimentarnos y en las consecuencias que ello tiene para la salud, ahondemos un poco más en nuestra biología y en los descubrimientos, que día a día se hacen sobre el tema. Confiando que sea de vuestro agrado, comenzamos con un interesante artículo que nos cuenta el efecto que producen los colores en nuestra memoria y consecutiva acción, basándose en un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Pensilvania.

Recordar en colores
(Investigación y Ciencia: Mente y Cerebro. Edición española de Scientific American)

Cuando pensamos en un objeto, nuestro encéfalo da más importancia al color si este fue el foco de atención en una actividad anterior. “En otras palabras, si una persona acaba de estar pensando de qué color pintará el salón e inmediatamente después piensa en limones, el tono amarillo de los mismos tendrá una mayor importancia en torno al concepto ‘limón’ que si hubiese estado probando el sabor de una salsa, en cuyo caso el amargor ganaría relevancia”, explica Eiling Yee, investigadora del Centro Vasco de Cognición, Cerebro y Lenguaje y autora del estudio junto a investigadores de la Universidad de Pensilvania.

Sabido era hasta ahora que el cerebro organiza objetos en relación a su forma, su función o, incluso, a su método de manipulación manual. Sin embargo, no se había demostrado que el color constituye un factor relevante para el almacenamiento de datos de objetos en el encéfalo. La dependencia del contexto aclara por qué resultaba tan difícil demostrar que el color sí influye en la organización conceptual del cerebro.

Limones y canarios

Cuando buscamos un limón en la nevera, su color es una referencia característica que nos viene a la cabeza, porque el amarillo chillón llama la atención sobre el verde de la lechuga o el rojo de los tomates. Sin embargo, cuando añadimos limón a una bebida, su color resulta menos relevante que su sabor. ¿Cambia la representación cerebral del concepto “limón” en función de lo que queramos hacer? ¿Depende incluso de lo que hemos hecho antes? “El estudio demuestra que, tras realizar una acción en la que el color es un criterio relevante, el cerebro confiere en lo que hagamos inmediatamente después más importancia al color”, indica Yee.

Para llegar a tal conclusión, los investigadores pidieron a 120 participantes que realizaran un test de comportamiento. La mitad de los probandos ejecutó, en primer lugar, una acción que condicionaba al cerebro a concentrarse en un color; a continuación llevaron a cabo una segunda prueba que serviría para comprobar si al leer la palabra “canario” los sujetos reconocían el significado de otras palabras referentes a elementos del mismo color (caso del limón). Por su parte, la otra mitad de los voluntarios no ejecutó dicha acción condicionante hasta más tarde. Ya con los resultados en la mano, Yee y su equipo dedujeron que las palabras referentes a objetos del mismo color se activaban entre sí solo cuando el cerebro se había concentrado previamente en el color. De ese modo, conceptos como “limón” y “canario” se solapan en cerebro.

En opinión de Lee, la investigación demuestra que las representaciones cerebrales de los objetos que nos rodean son moldeables. Asimismo existen diferencias individuales a la hora de conceptualizar el color. Ello podría deberse a que existen personas que presentan una mayor tendencia que otras a fijarse en el color de los objetos, por lo que esta característica se encuentra más presente en el cerebro de dichos individuos que en el de otros a la hora de organizar conceptos, apunta.

Fuente:
http://www.investigacionyciencia.es/Noticias01.asp

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Un estudio sobre las grasas saturadas y sus efectos sobre el cerebro.

un cerebro entre las manos
– Marina Muñoz Cervera –

Todo lo que comemos influye en la salud y funcionamiento de nuestro cerebro.

El tipo de grasa que consumimos es importante para nuestras funciones vitales, incluyendo la función cognitiva. Esto demuestra una investigación publicada el 20 de mayo de 2012 en La Razón.es, y nos cuentan lo siguiente:

“Un nuevo estudio del Hospital Brigham and Women, en los Estados Unidos, ha descubierto que ciertos tipos de grasa se asocian a una peor memoria, y función cognitiva global. Se ha sabido durante años que comer demasiados alimentos que contengan grasas nocivas, como las grasas saturadas, no es saludable para el corazón. Además, según la nueva investigación, el consumo de este tipo de grasas también se asocia con una peor función cognitiva general, y de la memoria, en las mujeres, a largo plazo.”

“Por el contrario, las grasas monoinsaturadas se asocian con una mejor función cognitiva general, y de la memoria. Este estudio ha sido publicado en ‘Annals of Neurology’, la revista de la Asociación Americana de Neurología y la Sociedad de Neurología Infantil”.

“El equipo de investigación analizó los datos del Women’s Health Study -con una cohorte de casi 40.000 mujeres, mayores de 45 años. Los investigadores se centraron en los datos de un subgrupo de 6.000 mujeres, todas mayores de 65 años; estas mujeres participaron en tres pruebas de función cognitiva, las cuales fueron espaciadas cada dos años”.

“Al observar los cambios en la función cognitiva, encontramos que la cantidad total de la ingesta de grasa no importa, sino que lo relevante es el tipo de grasa consumida”, explica Olivia Okereke, del Departamento de Psiquiatría.

“Las mujeres que consumían las mayores cantidades de grasas saturadas, que pueden provenir de grasas de origen animal, como la carne roja y la mantequilla, en comparación con aquellas que consumieron las cantidades más bajas, mostraron una peor función cognitiva general, y una peor memoria”.

“En cambio, las mujeres que consumían más grasas monoinsaturadas, que se pueden encontrar, por ejemplo, en el aceite de oliva, mostraron mejores patrones de puntuaciones cognitivas”.

“Nuestros hallazgos tienen importantes implicaciones para salud pública”, afirma Okereke, quien añade que “consumir grasa buena, en lugar de grasa mala, es una modificación de la dieta bastante simple, que podría ayudar a prevenir la disminución de la capacidad de memoria”.

Como vemos, nuestra alimentación tiene una repercusión global en nuestro organismo, por ello es importante cuidarla día a día.

Fuente:
La Razón.es. “La grasa que perjudica el corazón puede tener el mismo efecto en el cerebro”. 20 de mayo de 2012.

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Última revisión: 20-08-18