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Sobre las semilla de Chía ¿qué deberíamos saber?

semillas de chía

– Marina Muñoz Cervera –

Las semillas de Chía se utilizaban en la antigüedad como energizantes.

La populares semillas de Chía conocidas por su riqueza en omega 3, se obtienen de la planta botánicamente conocida como «Salvia hispánica» de la familia «Lamiaceae».

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Consiguen leche de cabra rica en Omega 3.

cabra en el campo

– Marina Muñoz Cervera –

La alimentación de los rumiantes es fundamental para el posterior contenido graso de la leche.

La leche es un alimento rico en ácidos grasos saturados y pobre en ácido grasos poliinsaturados, también llamados de forma genérica, Omega 3 y 6 (ácido linolénico y linoleico).

Ya sabemos que la alimentación de los rumiantes es determinante en el posterior contenido graso de la leche y, hasta ahora, los intentos de aumentar el contenido en Omega 3 de la leche, se basaban en aumentar este tipo de ácidos grasos en la alimentación del ganado. Sin embargo, cuando el ganado consumía los mencionados nutrientes,  y en su paso por el rumen (panza o herbario de los rumiantes que contiene bacterias, hongos, etc., necesarios para la fermentación de los alimentos), los microorganismos allí existentes modificaban los ácidos grasos procedentes de la alimentación, transformándolos en otros con menor valor biológico (biohidrogenación) y solamente una pequeña cantidad de Omega 3 llegaba a la leche.

Un estudio elaborado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Córdoba (España) ha desarrollado una nueva estrategia para obtener de forma natural leche rica en ácidos grasos Omega-3, nutrientes asociados con la disminución del riesgo de enfermedades cardiovasculares. La técnica se basa en una estrategia que evita que los alimentos pasen por el rumen.

“Para ello se han empleado cabras entrenadas desde su nacimiento para mantener activo el reflejo de la gotera reticular en la edad adulta, siendo por lo demás rumiantes funcionales.” Este reflejo que elude el rumen, desaparece en condiciones normales cuando el animal es destetado.

Como hemos visto, el apasionante mundo de la ciencia no cesa de avanzar y puede que, con el tiempo, no sea necesario consumir lácteos desgrasados porque su contenido en grasa será el idóneo para nuestro normal metabolismo.

Enlace relacionado:

La alimentación de las vacas determina el tipo de grasas de los lácteos.

Fuente:

Europa Press. “Obtienen leche rica en omega-3 de forma natural”. Madrid 5 de noviembre de 2013.

http://www.europapress.es/salud/nutricion/noticia-desarrollan-estrategia-obtener-leche-rica-omega-forma-natural-20131105173640.html

Última revisión: 17-04-19

La influencia de las grasas en el estado de ánimo.

muchacha furiosa

Marina Muñoz Cervera –

“En los últimos 100 años, la ingesta de grasas saturadas, ácido linoleico (omega 6) y grasas trans, ha aumentado de forma espectacular en el mundo occidental, mientras que el consumo de omega 3 ha disminuido”, afirmaba en el año 2008, Fernando Gómez-Pinilla, neurobiólogo chileno de la Universidad de California en Los Ángeles, en una revisión de artículos. Este fenómeno, concluía el estudio, podría acarrear el aumento de enfermedades depresivas en países como Alemania o Estados Unidos (1).

Estas palabras, hoy, en el año 2013,  no nos resultan extrañas; en muchos estudios se ha relacionado el exceso de las grasas, anteriormente mencionadas, con multitud de patologías, tanto es así, que la FAO en una Consulta de Expertos publicada en el 2008, nos habla de la posibilidad de retirar las grasas trans del consumo humano, ya que existe una evidencia convincente de que incrementan los factores de riesgo y los accidentes cardiovasculares y hay una evidencia probable de un incremento en el riesgo de enfermedad coronaria mortal y muerte súbita, adicionalmente al riesgo incrementado de síndrome metabólico y diabetes (2). También recomiendan la sustitución de los ácidos grasos saturados, que no deben superar el 10 % de la energía total, por poliinsaturados en la alimentación, indicando que de éstos últimos el porcentaje debe ser el siguiente: un 2% de la energía total de omega 3 (linolénico) y un 2,5 a 9% de omega 6 (linoleico) (2).

El tipo de grasas que consumimos es de vital importancia para nuestra salud ya que la actividad biológica de nuestras células depende en gran parte de los ácidos grasos derivados de los alimentos que consumimos (3).

“Quien sabe si no le debemos la bomba neumática a una sopa bien cocinada o la guerra a una mal cocida” filosofaba George Christoph Lichtenberg (1742-1799) (1), escritor y científico alemán (4), según refiere un interesante artículo, publicado en la revista Mente y Cerebro por la escritora Stefanie Reinberg (1).

En el artículo mencionado, la escritora nos relata algunas experiencias sobre el tema:

– El Director de documentales, Morgan Spurlock, para su película Super Size Me, estuvo desayunando, almorzando y cenando, durante 30 días, en establecimientos de una conocida cadena de comida rápida. Al terminar el rodaje, el cineasta pesaba 11 kilos más, sus indicadores hepáticos eran preocupantes y se sentía deprimido, tanto es así que definió su estado de ánimo como “irritable, furioso e infeliz”.

– El endocrinólogo Fredrik Nyström, de la Universidad de Linköping (Suecia) en el año 2010, ideó un plan de alimentación que acataron 18 voluntarios: durante un mes debían ingerir comida rápida en grandes cantidades, casi el doble de las calorías habituales; además debían moverse lo menos posible. No todos engordaron como el cineasta del experimento anterior, sin embargo, manifestaron el “pésimo estado de ánimo”; de hecho cuánto más comían peor se sentían anímicamente.

Almudena Sánchez  Villegas, profesora del Departamento de Ciencias Clínicas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (España) y su equipo, constataron que la grasa perjudicial no solo daña el cuerpo, sino también desencadena estados depresivos (1)(5) y la noticia fue difundida por muchos medios de comunicación en el año 2012.

Diversos estudios constatan que los ácidos grasos Omega 3 benefician a las personas que tienen depresión o trastorno maniaco-depresivo bipolar. También disminuyen los síntomas en el trastorno límite de la personalidad, asegura Mary Zanarini de la Escuela Médica de Harvard (1).

Y, en general, parece demostrado que mejoran notablemente el estado de ánimo (1).

Se puede llegar a pensar que los ácidos grasos omega 3 podrían resultar, anímicamente hablando, como el “soma” descrito por Aldous Huxley (1894-1963) en su libro “Un mundo feliz”, de hecho nuestro organismo no puede sintetizarlos y tenemos que incorporarlos con la alimentación (pescado azul, algunas semillas oleaginosas, etc.); si se utilizan suplementos, la mágica pastilla no solo reduciría la agresividad sino que aumentaría el bienestar psíquico/físico. No obstante y ya, bromas a parte, tenemos que ser cautos con el uso de suplementos y conseguir que nuestra alimentación esté equilibrada, para lo cual es imprescindible la reducción de grasas saturadas y trans y un adecuado equilibrio entre ácidos grasos omega 3 y omega 6. Es decir, un adecuado manejo de las grasas dentro de una alimentación saludable.

Enlaces relacionados:

¿Qué son los Ácidos Grasos Omega 3? ¿Son realmente necesarios para la salud?
Consumo de Ácidos Grasos: Conclusiones de una Consulta de Expertos de la FAO en el año 2008.
La alimentación de las vacas determina el tipo de grasas de los lácteos.
La alimentación puede ser un “barco” que nos aproxima a nuestros sueños.

Fuentes bibliográficas:

(1) Stefanie Reinberger. “Alimento para la psique”. Revista Mente y cerebro 61-2013. Pág. 32, 33, 34, 35 Investigación y Ciencia. Edición Española de Scientific American.
http://www.investigacionyciencia.es/mente-y-cerebro/numeros/2013/7/alimento-para-la-psique-11260
(2) Grasas y Ácidos grasos en nutrición humana. Consulta de Expertos 10-14 de noviembre de 2008. Estudio FAO Alimentación y Nutrición 91. Publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT) Granada, España, 2012.
ISSN 1014-2916
FAO ISBN 978-92-5-3067336
http://www.fao.org/docrep/017/i1953s/i1953s.pdf
(3) Jean Carper. “Tres teorías sobre el poder curativo de los alimentos”. Los Alimentos: Medicina Milagrosa. Pág. 42. 5ª Edición. Editorial Amat, S.L. Barcelona, 2008.
(4) http://es.wikipedia.org/wiki/Georg_Christoph_Lichtenberg.
(5) Almudena Sánchez-Villegas, Estefania Toledo, Jokin de Irala, Miguel Ruiz-Canela, Jorge Pla-Vidal and Miguel A Martínez-González (2012). Fast-food and commercial baked goods consumption and the risk of depression. Public Health Nutrition, 15, pp 424-432. doi:10.1017/S1368980011001856.

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La alimentación de las vacas determina el tipo de grasas de los lácteos.

lino2vacas

Marina Muñoz Cervera –

Los lácteos llevan mucho tiempo cuestionados por la gran cantidad de grasa saturada que contienen. Sin embargo, el tipo de grasa de la leche depende de la alimentación de las vacas.

Un estudio ha demostrado que las vacas alimentadas con semillas de linaza o “lino”, (semillas oleaginosas de la planta “linum usitatissinum”), producen lácteos más nutritivos, con menos grasa saturada y más ácidos grasos poliinsaturados del tipo Omega 3 (1).

Los términos “linaza” y “semilla de lino” generalmente se utilizan como sustitutos; sin embargo, los norteamericanos utilizan el término “linaza” cuando el producto se utiliza para alimentación humana y el término “semilla de lino” cuando el producto se utiliza para propósitos industriales, como el piso de linóleo (2).

En América del Sur se prefiere la denominación genérica de “linaza” para la semilla de consumo humano y en Europa se conocen como “lino”.

La noticia publicada hoy, 28 de enero de 2013, en Europa Press, nos cuenta que el estudio fue llevado a cabo por el investigador Gerd Bobe de la Universidad Estatal de Oregón.

Según comentan en el artículo (1):

“Las vacas suelen ser alimentadas con mezclas de piensos de maíz, granos, heno de alfalfa y ensilaje de hierba, lo que se traduce en productos lácteos con bajas concentraciones de ácidos grasos omega-3 y otras grasas poliinsaturadas, señala Bobe.

Para la investigación, se alimentaron a diez vacas con diferentes cantidades de linaza –hasta un siete por ciento de su dieta diaria–. Los investigadores trataron de determinar con precisión la cantidad de linaza que maximizaría la cantidad de ácidos grasos omega-3 en la leche y los productos lácteos sin afectar negativamente su producción y textura.

El estudio encontró que la alimentación de las vacas mejoró el perfil de grasa sin afectar negativamente a la producción y la textura de la leche y otros productos lácteos”.

Podéis leer a la noticia completa a través del siguiente enlace: Las vacas alimentadas con linaza producen leche con omega 3

Reflexionando sobre la noticia, pienso que quizás no se conocían, como ahora, los efectos secundarios de los excesos de grasa saturada y era utilizada como fuente energía barata. Pero me alegra que los expertos demuestren, día a día, que el “proceso” es reversible y que la industria alimentaria será capaz de alimentarnos y nutrirnos al mismo tiempo.

Entradas relacionadas:
¿Porqué consumir grasas saturadas en exceso supone un “comportamiento poco sano”?

Fuentes:

(1) Europa Press. Nutrición. “Las vacas alimentadas con linaza producen leche con omega 3”.  Madrid, 28 de enero de 2013.
http://www.europapress.es/salud/salud-bienestar-00667/noticia-eeuu-vacas-alimentadas-linaza-producen-leche-acidos-grasos-omega-menos-grasa-saturada-20130128133815.html
(2) Flax Council of Canadá “Composición nutricional de la linaza”.
http://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&frm=1&source=web&cd=1&ved=0CDEQFjAA&url=http%3A%2F%2Fwww.flaxcouncil.ca%2Fspanish%2Fpdf%2FFlxPrmr-R11-Ch1_Span.pdf&ei=cZMGUejbGOT00QGdzIDgAw&usg=AFQjCNEtcOxfTuprQob3JgqeFmw8_AEzDQ&sig2=KUW9dAcbaZGx3BORevTw5w&bvm=bv.41524429,d.dmg

Imágenes:

¿Qué son los Ácidos Grasos Omega 3? ¿Son realmente necesarios para la salud?

alimentos ricos en omega 3

– Marina Muñoz Cervera –

Parece ser que hoy,  día 13 de junio de 2012, en el “mercado bursátil” de la alimentación, los Ácidos Grasos Omega 3 se tambalean, como consecuencia de un estudio  realizado en la facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de McMaster (Hamilton, Canadá) sobre un grupo de  personas con diabetes tipo 2 o prediabetes y con un riesgo alto de padecer un episodio cardiovascular; su resultado ha sido que los Omega 3 no aportan ninguna protección adicional  a los pacientes diabéticos con un riesgo cardiovascular muy elevado. Esta noticia aparece publicada en El Mundo.es con el título:  Los suplementos de Omega 3 en entredicho. En el mismo periódico y escrito por José María Ordovás, se publica un artículo que lleva por título: Desentrañando el valor de los Omega 3 (1).

Pero, antes de continuar con las noticias, voy a responder a las preguntas del título de esta entrada: ¿Qué son los Ácidos Omega 3? y ¿Son realmente necesarios para el mantenimientos de nuestra salud?

De forma muy sintética, los ácidos grasos omega 3 son ácidos grasos poliinsaturados, de larga cadena, que el cuerpo humano no puede sintetizar, es decir, no puede fabricar o producir, por sí solo. Los más importantes son el ácido linoleico y el ácido alfa-linolénico. El organismo puede sintetizar  ácidos grasos más largos a partir de los dos precursores antes mencionados, a través de la extensión y desaturación de la cadena, por ejemplo el ácido araquidónico, ácido eicosapentaenoico y ácido docosaexahenoico; así el aporte de estos homólogos, puede reemplazar, en parte, a los ácidos linoleicos y alfa-linolénico(3).

Los ácidos grasos esenciales son imprescindibles para muchos procesos fisiológicos, entre ellos mantener la integridad de la piel y la estructura de las membranas celulares y sintetizar prostangladinas y leucotrienos (4) (moléculas de carácter lipídico que pertenecen al grupo de eicosanoides, sus precursores proceden del metabolismo de los ácidos grasos de los alimentos, por extensión de la cadena e inserción de dobles enlaces y cumplen funciones reguladoras a nivel celular (3). Los ácidos docosaexahenoico  y eicosapentaenoico son importantes componentes del encéfalo y la retina. Los recién nacidos alimentados con fórmulas de leche descremada pobres en ácido linolénico, pueden tener retraso de crecimiento, trombocitopenia, alopecia y una dermatitis descamativa que se parece a la ictiosis congénita, con aumento de pérdida de agua por la piel; este síndrome se revierte mediante el suplemento de ácido linolénico(4).

Su consumo normalmente está garantizado si la alimentación es equilibrada e incluye aceites vegetales, pescado azul, verduras de hoja verde (espinacas, acelgas, algas), frutos secos (almendras, nueces) y granos como la linaza o el mijo.

Si la alimentación está desequilibrada y no se puede asegurar el consumo de ninguno de los alimentos anteriores, sería recomendable buscar una forma segura de aporte.

En el caso de la noticia, que comentaba al principio de esta entrada, se trata de una exhaustiva investigación sobre un grupo muy concreto de población, afecto de una seria patología y su ingesta no les produjo beneficio, pero tampoco perjuicio. 

Os dejo el contenido de la misma:

“Las conclusiones, publicadas en el ‘The New England Journal of Medicine’, se basan en el seguimiento a más de 12.500 personas a lo largo de una media de seis años. Todas ellas rondaban los 60 años y tenían ciertas características en común: sufrían de prediabetes o diabetes tipo 2 y buena parte de ellos habían pasado por infartos de miocardio en los tres meses anteriores al estudio o tenían insuficiencia cardiaca, mientras que el resto padecían riesgo alto sufrir estos problemas (1).

A estos pacientes se les dividió de forma aleatoria entre los que tomaban una dosis de un gramo de ácidos grasos omega-3 (cantidad estándar a la hora de hacer un estudio sobre los efectos de estos suplementos) y los que tomaban un placebo controlado (que también contenía estos lípidos, pero en mucha menor cantidad) (1).

“No observamos ni beneficios ni daños en los participantes que fueron estudiados”, explica el coautor del estudio, Jackie Bosch. “Una de las principales ventajas de los ácidos grasos omega-3 se relaciona con la prevención de los accidentes cardiovasculares, pero en este grupo de pacientes en concreto no se ha observado ninguna protección adicional”, apunta (1).

Bosch explica: “Los primeros resultados que investigamos fueron los relacionados con las muertes y no hubo diferencias importantes. Por ejemplo, en el primer análisis que realizamos de 2003 a 2005 vimos que la principal causa de muerte fueron los problemas cardiovasculares, con una diferencia de 574 fallecidos entre quienes tomaban omega-3, frente a 581 de los que se suministraba el placebo”, reflexiona” (1)

“Este estudio se centra en un grupo de personas muy concreto. Simplemente si nos centramos sólo en que son diabéticos ya estamos hablando de pacientes de alto riesgo y puede que la dosis estándar de un gramo no sea suficiente para ellos”, indica como hipótesis el doctor Plaza (1).

Para este cardiólogo, los resultados siguen sin ser un problema para que estos pacientes y el resto consuman estos suplementos: “Cuando se acude a la fuente natural, en este caso el pescado azul o las nueces, es mucho mejor que cualquier suplemento. Además, estos alimentos forman por sí parte de una dieta sana para cualquier persona. Pero la realidad es que para que muchas personas consuman las cantidades necesarias de omega-3 hay que comer mucho pescado al día, de ahí los suplementos” (1).

Pero, además, “al final del análisis hay un dato que indica que hay una rebaja de los triglicéridos, esto es también un dato importante, ya que el estudio indica que los ácidos grasos omega-3 no presentan perjuicios, al revés”, finaliza.”(1)

Como os comentaba al principio , con fecha también de hoy y  en el mismo periódico se ha publicado otra noticia, titulada: Desentrañando el valor de los  Omega 3,  escrita por José Mª Ordovás, director del laboratorio de Nutrición y Genómica del USDA-Human Nutrition Research Center on Aging de la Universidad de Tufts (EEUU), profesor de Nutrición y Genética, director científico del Instituto Madrileño de Estudios Avanzados en Alimentación (IMDEA) e investigador colaborador senior en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (Madrid).

Y dice lo siguiente:

“Desde que Bang and Dyerberg sugirieron en los años 70 que los omega-3 podrían ser cardioprotectores, basados en sus estudios observacionales en esquimales y daneses, han corrido ríos de tinta en relación con este tema. Los resultados han sido muy variados dependiendo del diseño de los estudios, la población incluida, y la manera de suministrar los omega-3 (en el caso de los estudios de intervención) (2).

El estudio que hoy publica la revista ‘NEJM’, con sus resultados negativos, es, por lo tanto, una investigación más que de momento añade leña al fuego dela confusión. Por ejemplo, en la misma semana ha aparecido otro trabajo, este con diseño de meta análisis, es decir, un análisis conjunto de múltiples estudios, que viene a demostrar que el consumo de omega-3 disminuye el riesgo de fallo cardiaco en un 15% (2).

Basado en estos últimos resultados, uno de los líderes de opinión en el tema de los omega-3 y riesgo cardiovascular, Dariush Mozaffarian, ha declarado públicamente que “el pescado y los omega-3 deberían ser la primera línea de defensa contra la muerte provocada por las enfermedades del corazón”, lo que evidentemente contrasta con la falta de protección sobre muerte cardiovascular encontrada por los investigadores del estudio “ORIGIN”, llevado a cabo en sujetos con problemas de prediabetes o diabetes y utilizando suplementos de omega-3 (aproximadamente 1 gramo por día) (2).

En cuanto a cuál es la mejor forma de consumir estos ácidos grasos omega-3, bien a través de suplementos o mediante la ingesta de pescado, ha sido un tema de debate durante muchos años y probablemente lo seguirá siendo en el futuro. Basados en el éxito del reduccionismo que tuvo lugar cuando los problemas nutricionales eran principalmente de deficiencias, en cuyo caso la administración de un compuesto aislado como una vitamina podía paliar el problema, se ha seguido con el mismo proceso de simplificación y se ha extrapolado para las enfermedades más complejas con las que nos enfrentamos hoy en día (2).

Hasta ahora, y por regla general, el uso de componentes aislados, bien sea una vitamina u otra sustancia, como un mineral o como en este caso un aceite, han fallado en alcanzar o demostrar sus objetivos. Lo que ha dado origen a un movimiento de investigadores que opina que la matriz es importante, es decir, que el alimento ‘per se’ es importante para conseguir los propósitos y que el pescado puede ser más beneficioso en conjunto que simplemente los suplementos. Si esto es o no cierto necesita demostración y ésta no será fácil ni barata. Obviamente, lo ideal sería el permanecer saludable utilizando un patrón de dieta adecuado, como es en nuestro caso el mediterráneo (2).

Por otro lado, no se trata sólo de una cuestión de qué se come sino de cuándo se empieza a tomar esta dieta y de cómo pueden variar sus efectos en función de la edad y de las características personales. Es muy probable que el efecto no positivo detectado en el estudio de ‘NEJM’ sea diferente en otras poblaciones, y de hecho este parece ser el caso como se aprecia en los resultados de estudios individuales y de meta análisis. En mi opinión, la prevención debe empezarse de forma temprana, cuando ya se tiene la enfermedad no hablamos de prevención sino de terapia, y el armamento para ambas aproximaciones puede ser diferente (2).

Creo que los omega-3 han tenido un papel importante en el desarrollo cognitivo del homo sapiens y que, evidentemente, dada su naturaleza esencial debemos consumirlos y tienen que ser parte de nuestra dieta, preferiblemente como pescado (aunque también se pueden conseguir, aunque con menos rendimiento, de plantas). Si los suplementos son o no necesarios y beneficiosos va a depender de la dieta base y de las características genéticas de cada individuo y tal como se plantean los estudios que hemos visto, éstos no nos va a resolver este dilema.”(2)

De todo ello, se deduce que si nuestra alimentación es sana y equilibrada, las probabilidades de enfermar se reducen, pero cuando ya se ha enfermado, las posibilidades de intervención son menores.

Fuentes:

(1) http://www.elmundo.es/elmundosalud/2012/06/12/nutricion/1339526719.html
(2) http://www.elmundo.es/elmundosalud/2012/06/13/nutricion/1339586061.html
(3) Los nutrientes. Biesalski – Grimm. Nutrición Texto y Atlas. Editorial Médica Panamericana S.A. Madrid 2009.
(4) Malnutrición. Mark H. Beers, M.D. y Robert Berkow, M. D. El Manual Merck. Edición del Centenario. Elsevier-España S.A. Madrid 2003.

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